La serie de artículos En busca del Diagnóstico perdido cuentan mi historia personal a la hora de buscar un diagnóstico oficial, mis razones, y las dificultades que encontraré en el camino. La información que aquí plasmo sobre ayudas, legislación en discapacidad, etc. no tiene por qué ser acertada, es probable que haya entendido mal algún procedimiento o ley así que por favor, busca información más ajustada si lo que necesitas es ayuda con tu propio procedimiento. No desearía causar problemas a nadie.

Llevo meses intentando conseguir información veraz sobre los recursos a los que tengo derecho en España por ser discapacitada y por ahora sólo he llegado a una conclusión: sin un diagnóstico oficial, en conjunto con informes médicos que justifiquen mis incapacidades, no voy a conseguir nada. Vamos, que la cosa pinta fácil (sarcasmo).

Según me han informado asociaciones de autismo, en España puedo conseguir fácilmente un 33% de discapacidad con el diagnóstico de Asperger, lo cual me daría acceso inmediato a una serie de ventajas, entre ellas un IRPF deducido -toda una alegría cuando gano poco dinero por mi incapacidad de trabajar de contínuo-, aparcamiento para minusválidos, gimnasios municipales gratuitos, acceso a viviendas de protección oficial, y más.

Me sorprende mucho la actitud de “fácilmente”, porque con mi pareja hemos tenido que ir a juicio para que le reconozcan una incapacidad laboral, y he tenido que redactar un tocho de documento con pruebas médicas y referencias al baremo oficial para reclamar que tiene más de un 15% de discapacidad. En fin.

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Me interesaba también ver si tendría acceso a algún tipo de pensión, por pequeña que fuera, ya que no tengo la capacidad de trabajar de contínuo. Y aquí es cuando me cabreo de manera exagerada, pues resulta que sólo pueden acceder a pensión quienes han cotizado un mínimo de dos años (yo no llego, porque tengo la incapacidad de trabajar de contínuo por mi discapacidad!!!). Eso se llama pensión contributiva, porque has contribuído al estado el dinero suficiente para que éste te considere dignx de ayuda.

Si no has cotizado esos 2 años mínimos, entonces sólo te queda acceder a pensiones no contributivas, las cuales sólo son accesibles para personas con un 65% o más de minusvalía.

¡ARGH!

Pues bueno, sea como fuere, toca iniciar el proceso de alguna manera, para ver hasta dónde llego. Y aquí viene la pregunta: ¿por dónde empiezo?

¿POR PRIVADO?

Las asociaciones de autismo y Asperger a menudo facilitan el proceso diagnóstico de la mano de profesionales especializadxs. Pero, claro, esas personas tienen que comer y te cobran la friolera de 400 euros por diagnosticarte. Jo-der.

Mientras que averiguar cómo es el proceso diagnóstico con ellxs ha sido fácil -una llamada de teléfono me resolvió todas las dudas- la cosa no ha sido tan ágil para entender cómo funciona el proceso diagnóstico en la Seguridad Social.

Tanto es así, que sigo sin saber cómo va a ser esto. Pero como no tengo los 400 eurazos porque, en fin, mi discapacidad me impide trabajar, me toca probar suerte con la SS.

¿POR SEGURIDAD SOCIAL?

Esto me mosquea bastante, parece ser que si eres pobre y autista te toca joderte, porque la SS no tiene al alcance de cualquiera un profesional en autismo que pueda diagnosticarlo en todo el mundo (sea hombre, mujer, otro género distinto, pobre, ricx, blancx, negrx, niñx o adultx).

Sin ir más lejos, la médico de cabecera casi se ríe en mi cara por pedir a un especialista en autismo. Me huelo que me va a tocar comer arroz y pasta un par de meses para poder permitirme el diagnóstico privado.

Y esto en un clima donde sigue habiéndo psicólogxs que se niegan a diagnosticar a aquellas personas que son capaces de mantener contacto visual, por dios. ¿En qué mundo viven? En uno más cómo que el mío, desde luego. No sé cómo asegurarme de que no me van a cobrar los 150 euros iniciales para luego decirme “miras a los ojos, ¡SIGUIENTE!”.

Sea como fuere, para hacer cualquier cosa por la Seguridad Social, lo primero es ir al médico de cabecera. Ya me provoca ansiedad sólo con pensarlo.

SEGURIDAD SOCIAL | PASO 1: VISITAR AL MÉDICO DE CABECERA

Pero bueno, como problemas económicos sí que tengo, me toca ir a la SS a pedir el dichoso diagnóstico. Así que allí que voy.

Mi pareja me tiene que ayudar, ya que yo no soy capaz de pedir cita. Ni siquiera sé qué tengo que hacer. Él me la pide por internet y yo me apunto la fecha. Él sabe que a menudo confundo fechas o se me olvidan, así que le hace una foto al resguardo digital.

Llega el día indicado y allí que vamos. Llegamos a la sala de espera y la doctora, viendo que somos los únicos allí, nos pregunta el nombre de quien tiene la cita para buscarla. Resulta que no me tenía apuntada porque me había equivocado de día. Habíamos ido un día antes. Mi novio lo comprueba en su móvil y, en efecto, era al día siguiente.

Yo me llevo un disgustazo enorme y me esfuerzo en no llorar por la impotencia de tener la incapacidad de apuntar bien las fechas. Él me dijo una cosa pero mi cerebro interpretó otra, cosa que queda fuera de mi control. Por mucho que él me diga “jueves” si mi cerebro escucha “miércoles” y lee “miércoles”, voy a apuntar “miércoles”. La única solución es que otra persona revise mis notas o que yo revise 3 o 4 veces todo lo que apunto. Y es que de eso se trata la discapacidad en muchos casos: tener que trabajar más para hacer lo mismo.

Pese a que no llego a tener un ataque en toda regla, durante las siguientes horas estoy irritable, triste, dolida y tengo dificultades para expresarme. Esto es el inicio de un ataque autista, si tuviera que seguir aguantando presión por la razón que fuera, es probable que acabara teniendo un ataque completo.

Pasan 24 horas y nos presentamos, ahora sí, a la fecha y hora indicadas en la consulta. Hoy sí que hay gente así que nos toca esperar una hora más de la cuenta. Por fin nos toca y entramos.

difficult-doctor_109775888-e1407436310283La doctora debe de estar quemada, porque su trato es desagradable, ni siquiera saluda, y me mira de tal modo que me hace sentir incómoda y asustada. Pero yo me mantengo firme. Le pido que me refiera a psicología, a un especialista en autismo a poder ser, para que me realicen las pruebas diagnósticas correspondientes.

A ella no le hace ninguna gracia, se lo veo en la mirada y se lo oigo en el tono de voz. ¿Por qué crees que lo eres?, me cuestiona. En mi cabeza salta responderle “eres especialista en autismo? no? entonces qué vas a saber” pero me contengo.

Le digo que tengo dificultad para mantener un trabajo. Ella escucha lo que le apetece y me replica que es normal, aludiendo a la crisis española, con una sonrisa ácida, falsa. Me incomoda más aún.

Le reitero que no tengo problemas para conseguir un trabajo. Joder, siguiendo cuatro guías de internet y haciendo un currículum un tanto mono consigo que me llamen, no es tan complejo para mí -esto no lo digo. El problema es mantener el trabajo, ya que las interacciones sociales son una parte vital de la vida laboral para los normales. Supongo que porque se pasan más de 40 horas de cada semana allí metidos.

Le explico mis dificultades sociales a grandes rasgos y parece ser que he conseguido llegar al cupo mínimo para ganarme un ápice de su respeto. Me hace preguntas sobre enfermedades pasadas y mi historial médico ya que no tiene nada en su sistema -vengo de otra comunidad autónoma y por listos que sean los normales siguen sin entender de bases de datos compartidas. Se desespera porque mis respuestas son detalladas, indicando sospechas de cosas que me han mirado médicos pero no diagnosticado en papel. Me dice de forma muy desagradable que le diga sólo lo que está diagnosticado. Vamos, que si mi muerte no está diagnosticada por un médico, según esta señora sigo viva.

Redacta un informe y me refiere a psicología. No sin antes decirme con otra sonrisa ácida que no tienen especialistas en autismo, que tienen un departamento de psicología y punto. Me lo dice con cierto tono ofendido tras su sonrisa falsa, como si yo estuviera pidiendo algo inaudito, como si fuera insolente pedir un especialista en la condición que tengo. Si los própios médicos opinan que un especialista en autismo es un lujo innecesario… ¿cómo nos va a ir bien en la vida?

Pues nada, consigo salir de su consulta sin haberla insultado, gran logro para mí. Me siento impotente, humillada de tener que pasar por unos aros tan estrechos y llenos de pinchos, me han tratado mal con una sonrisa falsa así que no puedo hacer nada al respecto. Tendré que aprender a utilizar esas mismas tácticas sociales contra ellos. Ahora me esperan un par de días de revivir el momento y que se me ocurran mil contestaciones que hubiera podido dar.

Cosas del procesamiento autista: nos cuesta días procesar interacciones particularmente difíciles y las revivimos constantemente hasta que el cerebro termina de procesar lo que ha pasado.

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Bajamos a recepción donde pido que trasladen mi historial de Aragón a Madrid, a petición nada amable de mi queridísima doctora. Me da escalofríos pensar que mi salud esté en manos de alguien que me desprecia nada más entro por la puerta. Me ponen pegas para pedir el historial, que lo tengo que hacer yo por internet. Van listos, no tengo ni idea de cómo se hace y la idea de meterme en su sistema me genera tal ansiedad que no voy a joderme la salud para hacer su trabajo. Que se las ingenien ellos.

Luego toca pedir la cita con psicología. Vamos a la máquina, porque las personas en recepción no se rebajan a esos trámites y así nos lo hacen saber. Pido la cita con ayuda de mi novio que me mantiene enfocada en la pantalla y en rellenar los formularios -la gente de alrededor me da ansiedad, quiero salir de ahí de una vez.

Sólo dan citas a las 8.30 de la mañana. Te cagas. Y sólo hay cita a partir del 28 de diciembre. Te cagas. Pues nada, pedimos la cita y ya si eso habrá que cambiarla, retrasando más aún el proceso.

Llego a casa con una rabia que no me cabe dentro y me pongo a hacer otras cosas para distraerme.

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