El siguiente texto es una traducción. Original: Brain scans dispel theory about stimuli and autism

Por Mark Michaud-Rochester
6 de diciembre de 2016

Un nuevo estudio cuestiona la hipótesis de que las células nerviosas en los cerebros de personas en el espectro autista no responden de forma consistente y fiable a estímulos externos.

“Nuestros hallazgos demuestran que no hay variación medible en la forma en que los individuos con autismo responden a estímulos visuales y táctiles repetidos”, dice John Foxe, presidente del departamento de neurociencia del Centro Médico de la Universidad de Rochester y autor senior del estudio en la publicación Cerebral Cortex.

“En consecuencia, el concepto de que los síntomas del autismo pueden deberse a actividad inconsistente del cerebro en respuesta a los sentidos es, con toda probabilidad, un callejón sin salida científico.”

La teoría de la inconsistencia neuronal, que ha ganado tracción en años recientes a la estela de un estudio de 2012, se basa en la suposición de que la respuesta del cerebro a estímulos repetidos -visuales, sonido o tacto- debe ser constante y consistente. Según esta teoriía, la respuesta del cerebro no es constante en individuos con autismo y, consecuentemente, altera su percepción del entorno físico y limita el desarrollo cognitivo y social.

La teoría no resonó bien para Foxe y sus clegas de investigación, basándose en sus décadas de estudio de la activididad cerebral de niños en el espectro autista. Además, los estudios originales que formaron la base para esta hipótesis involucraron experimentos de resonáncia magnética funcional (fMRI en inglés), que miden los cambios en los niveles de oxígeno en la sangre en el cerebro. Aunque las fluctuaciones en el flujo sanguíneo son indicadores importantes de actividad cerebral, estas medidas no se correlacionan de forma precisa con la actividad eléctrica, mucho más rápida, que tiene lugar en el cerebro cuando las células nerviosas son estimuladas.

El nuevo estudio se hizo con 20 personas diagnosticadas con autismo y 20 que sirvieron como controles. Los participantes llevaron un denso complejo de electrodos sobre la cabeza para grabar su actividad cerebral eléctrica y fueron expuestos a repetidos estímulos visuales.

Sin importar cómo los investigadores medían la variabilidad de las respuestas, las respuestas cerebrales en el autismo eran tan estables como las de los controles. Para asegurarse de que no se daba el caso sólo en el sistema visual, el equipo también evaluó estímulos táctiles -repetidos toques en las muñecas de los participantes- y, una vez más, las medidas de las respuestas de sus ondas cerebrales no mostraron evidencia de ningún tipo de un aumento en la variabilidad de respuesta en los individuos con autismo.

“El objetivo de este estudio no es demostrar que no hay diferencias en la forma en que personas con desórdenes del espectro autista procesan el tacto, la vista o el sonido; hay investigaciones que muestran diferencias claras en algunos casos”, dice Sophie Molholm, co-autora del estudio y profesora asociada en pediatría y neurociencia en el Albert Einstein College of Medicine. “En vez de esto, lo que [el estudio] quiere decir es que cualesquiera que sean esas diferencias, probablemente no se deben simplemente a que las respuestas cerebrales en el autismo sean más variables”.

Los autores afirman que, a pesar de que el estudio demuestra básicamente resultados negativos, representa una contribución importante al campo del autismo donde mucho de nuestro conocimiento de [el espectro] es -para frustración de pacientes, familias, investigadores y cuidadores- abundantemente basado en teoría y conjetura y poco en hechos científicos sólidos.

“Es igual de importante sacar información que cuestiona una teoría importante como publicar trabajo que la apoya”, dice John Butler, autor principal y profesor asistente en el Instituto de Tecnología de Dublin.

La financiación provino del Instituto Nacional de Salud Mental y la Fundación Nathan Gancher.

Fuente: Universidad de Rochester.

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