La disfunción ejecutiva es a menudo compañera inseparable del autismo pero está presente en muchas otras condiciones como el transtorno bipolar o de déficit de atención. También éstas condiciones se dan con el autismo en muchos casos.

A grandes rasgos, la disunción ejecutiva es la incapacidad para hacer algo, lo que sea, a pesar de querer hacerlo y, en teoría, saber cómo hacerlo.

Por otro lado, la función ejecutiva es el conjunto de habilidades necesarias para hacer casi cualquier cosa: desde llevar la cuenta del tiempo y prestar atención a lo que estás haciendo hasta organizar, planificar y recordar detalles. Cuando se tienen problemas en estas áreas de manera consistente y que interfiere con la vida, se le llama disfunción.

El área del cerebro encargada de la función ejecutiva es el lóbulo frontal, o la parte que queda justo sobre los ojos en el cráneo.

La disfunción ejecutiva hace que resulte altamente complicado realizar cualquier actividad como los deberes, llevar la cuenta de cumpleaños de familiares y amigxs o citas médicas, proyectos profesionales, acudir a fiestas y eventos u organizarlos, etc.

Consecuencias típicas de la disfunción ejecutiva son faltar a citas importantes pese a haberlas apuntado y tener recordatorios, empezar a escribir una redacción, pero a cada 10 minutos estás haciendo otra cosa sin haberte dado cuenta, llegar tarde al trabajo por no poder medir el tiempo que se tarda en ducharse, desayunar, vestirse, llegar al coche, conducir hasta la oficina, aparcar, subir en el ascensor, etc.

Es crucial tener en cuenta que a todo el mundo le pasan esas cosas alguna vez, lo que hace que se convierta en disfunción ejecutiva es que estas situaciones se dan a diario e interfieren considerablemente en la vida de la persona: pierde el trabajo, no consigue aprobar sus asignaturas y es expulsada de la universidad, pierde amistades porque no entienden que olvide fechas señaladas.

No es vaguería ni falta de interés, es una discapacidad que no se escoge y que en muchos casos es crónica.

INTELIGENCIA

La disfunción ejecutiva es una discapacidad que nada tiene que ver con la inteligencia. Es como tener un ordenador cuyos circuitos y programas funcionan a la perfección, pero la pantalla, el ratón o la impresora dan problemas.

Con esta máquina, puedes abrir programas y utilizarlos sin problema, pero no puedes imprimir tus documentos. O tal vez la pantalla no te deja ver bien a qué botón hay que darle. O el ratón deja de funcionar durante 5 minutos, ralentizando tu progreso y frustrándote.

En el cerebro sucede lo mismo. La capacidad intelectual no se ve afectada, sólo la capacidad para llevar a cabo ciertas acciones o recordarlas.

FUNCIÓN EJECUTIVA

La función ejecutiva se observa en las siguientes áreas:

ORGANIZACIÓN
  • La capacidad para desglosar una actividad en los pasos necesarios para completarla o realizarla.
  • La capacidad para recordar estos pasos en caso de haber recibido instrucciones.
  • La capacidad para recordar el órden de los pasos.FUNCIONES EJECUTIVAS BRAUM

Cuando existen problemas en el área de la organización, la persona es perfectamente capaz de comprender las instrucciones y de tener una gran motivación por realizar la tarea. Sin embargo, no es capaz de recordar los pasos, realizarlos en orden, o de deducir los pasos en base a la actividad.

Veamos cómo afecta la disfunción ejecutiva a algo tan sencillo como hacer la colada.

Para una persona sin disfunción ejecutiva los pasos necesarios podrían ser los siguientes:

  1. Poner la lavadora
  2. Colgar la ropa
  3. Guardar la ropa

Sin embargo para mí, hacer la colada requiere los siguientes pasos:

  1. Reconocer que tengo suficiente ropa sucia para llenar una lavadora
  2. Recordar dónde está la ropa sucia
  3. Ir a donde está la ropa sucia
  4. Si la ropa sucia está fuera de una cesta, cargarla con las manos
  5. Bajar las escaleras
  6. Acceder al cuarto de la lavadora
  7. Abrir la puerta de la lavadora
  8. Meter la ropa dentro de la lavadora
  9. Cerrar la puerta de la lavadora
  10. Seleccionar el programa de lavado
  11. Abrir el cajón de jabón
  12. Coger el jabón y suavizante y verter las cantidades adecuadas en el cajón
  13. Cerrar el cajón
  14. Darle al botón de encendido

Hasta ahora sólo he conseguido poner la lavadora, luego tendré que recordar que es hora de sacar la ropa y realizar paso por paso cada pequeña acción hasta que esté colgada, y otra vez lo mismo cuando esté seca y sea momento de guardarla.

Todos esos pasos son como un manual de instrucciones en el cerebro, para una persona sin disfunción ejecutiva esos pasos son invisibles. Yo siento como si no tuviera el manual de instrucciones bien instalado y tengo que pensar conscientemente en cada pequeño paso que me lleva al siguiente.

CONTROL DE IMPULSOS

Otro problema a la hora de realizar una tarea compleja como puede ser la colada es el control de los impulsos.

Mientras estoy haciendo cualquier cosa, aparecen impulsos muy fuertes, tanto en mi cabeza como en mi cuerpo, para hacer otra cosa. Llevo 5 minutos colgando la ropa pero, de pronto, siento la irrefrenable necesidad de saber por qué los pulpos tienen 8 tentáculos, ni uno más, ni uno menos.

Así que estiro la mano hacia mi teléfono y hago una búsqueda en Google. Mientras estoy leyendo sobre pulpos, siento la irrefrenable necesidad de saber por qué tienen ventosas. 30 minutos más tarde recuerdo que no he terminado de colgar la ropa.

Esto mismo me sucede en reuniones, clases, e incluso viendo películas. Reprimir esos impulsos es un grandísimo esfuerzo que hace que pierda la concentración, por lo que acabo sin enterarme de lo que sucede a mi alrededor, o acabo haciendo otra cosa.

La dificultad de controlar los impulsos no tiene nada que ver con falta de interés. Para mí puede ser muy interesante la clase, o puedo estar jugándome un ascenso si cumplo bien en la reunión. No puedo evitar sentir físicamente impulsos que me distraen.

MEMORIA DE PLANIFICACIÓN

Cuando una tarea requiere dos o más acciones similares, la persona condisfunción ejecutiva a menudo olvidará al menos una de ellas.

Tuve un trabajo de secretaria en el que casi a diario tenía que trasladarme al pueblo más cercano a realizar recados. Pese a tener una lista de las tareas que debía realizar, a menudo regresaba sin haber realizado una de ellas, para frustración de mi jefe y compañerxs.

No recordar tareas no tiene que ver con una falta de memoria globalizada. Puedo recordar a la perfección letras de canciones y argumentaciones complejas. Son las listas de tareas, o de la compra, o de cualquier otra cosa, que no recuerdo al completo, y siempre acabo olvidando algo importante.

ATENCIÓN SELECTIVA

Para realizar una actividad es importante mantener la atención durante sus instrucciones. La persona con disfunción ejecutiva puede tener dificultad para ello.

Las palabras “atención selectiva” hacen pensar que es una elección, que sólo presto atención a las partes que me interesan. Nada más lejos de la realidad. Es más bien una dificultad para mantener el nivel de atención lo suficientemente elevado el tiempo suficiente. Así que acabo acordándome sólo de algunas partes de las cosas.

Al escuchar unas instrucciones para hacer algo, no soy capaz de prestar atención a todo, y sobretodo las partes finales es como si no las hubiera escuchado. Aunque quiera, aunque lo intente, mi cerebro pierde el hilo cuanto más tiempo ha estado prestando atención.

No tiene que ver con aburrimiento, ya que yo puedo seguir muy interesada en el tema. Me sucede leyendo artículos largos. Me interesa muchísimo la información que contiene, y me siento mal por no poder aprender lo que allí se explica, pero tengo que dejarlo a medias porque mi cerebro es incapaz de registrar más información en ese momento.

CONTINUIDAD

Resulta obvio, pero para realizar una acción es imprescindible seguir haciéndola hasta su finalización. Una persona con disfunción ejecutiva puede tener serias dificultades para seguir adelante, por lo que a menudo dejará tareas incompletas, aunque sepa que si no continúa, la tarea quedará inacabada.

Las razones pueden ser múltiples, y se solapan entre sí. Impulsos que interfieren, no poder prestar más atención a la tarea en cuestión, etc.

INERCIA

Muchas personas con disfunción ejecutiva tienen problemas para cambiar lo que están haciendo.

Por ejemplo, si llevo mucho tiempo callada, me cuesta comenzar a hablar. Si llevo mucho tiempo hablando, me cuesta dejar de hacerlo. Si estoy en la cama, me cuesta levantarme. Si estoy levantada, me cuesta acostarme.

funcion-ejecutiva

La dificultad con la inercia hace que empezar una tarea sea complejo, no necesariamente terminarla. Como puede ser mi experiencia con el gimnasio. Me cuesta muchísimo empezar los ejercicios, pero una vez mi cerebro se ha acostumbrado a la nueva actividad, me cuesta salir de allí y acabo haciendo una hora extra de ejercicios porque me gusta y no quiero cambiar de actividad.

También puede darse que yo quiera hacer otra tarea, que me haga ilusión, que sea importante para mí y que ya esté anticipando el disfrute que voy a obtener. Sin embargo pasar de una actividad a otra es como un muro y acabo posponiéndo ese cambio tanto, que a veces me quedo sin esa segunda actividad, como podría ser ir a la playa.

INICIAR ACTIVIDADES SOCIALES

Una de las características de la persona con disfunción ejecutiva es su dificultad para iniciar actividades en común como juegos, salidas al cine o similar.

Esta dificultad puede tener que ver con ansiedad social, pero no necesariamente. Puede ser que mi cabeza se quede pensando en los “y si”s y no sepa salir de ahí. “Y si esa persona está ocupada”, “y si no quiere salir conmigo”, “y si prefiere hacer otra cosa”. Al final me resigno a dejar que los demás sean quien me inviten, porque no soy capaz de hacerlo yo, por mucho que tenga el deseo de hacerlo.

CONTROL EMOCIONAL

La capacidad de sentir emoción y no demostrarla es parte de la función ejecutiva.

Lxs niñxs autistas a menudo tienen que aprender esta habilidad de forma lenta y árdua, a base de muchos, muchos desencuentros.

De pequeña, yo solía expresar mis emociones tal cual las sentía, sin ningún tipo de filtro. ¿Feliz? Sonrío, me río, me agito. ¿Triste? Lloro, aúllo, golpeo cosas. En momentos en que otrxs niñxs, no autistas, ya eran capaces de controlar sus emociones para que no “molestaran” a los demás, yo no era capaz de hacerlo.

El control emocional en una persona sin disfunción ejecutiva puede ser algo que aprenden de forma natural observando a los demás. Para mí, es algo que he ido aprendiendo a base de recibir castigos, malas miradas, rechazo o violencia. Es decir, para mí no es algo natural y me cuesta un esfuerzo tremendo hasta tal punto que no siempre es posible.

A los 29 años, me pongo a llorar si alguien me hace una broma ofensiva aunque no fuera su intención. Mi cara se ruboriza cuando soy objeto de atención social mientras que otras personas no tienen estas respuestas físicas. No controlar mis emociones no es una elección, es algo que no puedo hacer de la misma forma que otras personas.

El énfasis está en que no puedo controlar mis emociones como los demás. Lo cual significa que emociones que otras personas pueden reprimir con facilidad, yo no. Y emociones que no son capaces de esconder a mí no se me notan.

CONTROL MOTOR

Algunas actividades que requieren movimientos físicos se ven afectadas por la disfunción ejecutiva. Sobretodo actividades que requieran coordinación, muchos pasos o pequeñas acciones interelacionadas o una gran complejidad motora.

Cosas como conducir o ir en bici pueden resultar difíciles a la persona con disfunción ejecutiva. Son actividades que requieren muchos movimientos coordinados de todo el cuerpo: mantener volante recto a la vez que cambias de marcha y aprietas el embrague.

Actividades como natación dirigida o danza pueden ayudar a mejorar el control motor relacionado con la función ejecutiva, pero no hacen milagros. Siempre será más difícil para una persona con este tipo de disfunción ejecutiva realizar actividades que requieran coordinación motora que para la población sin disfunción ejecutiva.

LO MÁS IMPORTANTE SOBRE LA DISFUNCIÓN EJECUTIVA

Lo más importante que debes recordar sobre la disfunción ejecutiva es que tiene un orígen neurológico: su raíz está en el lóbulo frontal del cerebro.

No se trata de vaguería, porque si fuera eso, la mayor parte del tiempo podríamos realizar actividades, y sólo en momentos en que nos sintamos vagxs tendríamos el problema.

No se trata de no tener interés o no tener motivación, ya que entonces no tendríamos problemas con aquellas actividades que nos gustan.

Y recuerda que la disfunción ejecutiva es algo complejo y sobretodo invisible. No puedes juzgar a simple vista si una persona no hace algo porque no quiere, porque no puede, o porque no sabe. Tendrás que preguntar y escuchar para comprender su situación.

Finalmente, con un esfuerzo enorme, las personas con disfunción ejecutiva somos capces de, a veces, realizar acciones que normalmente se escapan a nuestra capacidad. Eso no significa que podamos hacerlo siempre. Fíjate en cómo son nuestras rutinas para conocer nuestro nivel de disfunción, no te fijes en cosas que hacemos puntualmente. Y, sobretodo, no exijas algo si no sabes el coste que tendrá realizarlo.

No es justo exigirle a dos personas que realicen la misma actividad si a una le cuesta el triple que a la otra, y luego reciben un premio idéntico. Ajusta los premios y las expectativas según el nivel de disfunción ejecutiva y capacidades particulares. Ten empatía y comprende que no todo el mundo es igual, ni tiene que serlo.

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