Querer hacer algo, o tener que hacer algo de vital importancia, y no poder hacerlo por cosas que ni siquiera puedes explicar es una experiencia desagradable pero común entre personas con disfunción ejecutiva. Si quieres ayudarnos, aquí tienes algunas claves.

El sistema nervioso, incluyendo el cerebro, es muchísimo más plástico de lo que se cree. De hecho, funciona de forma muy parecida a un músculo. Si tú le pides algo al sistema nervioso de forma regular y continuada, éste aprende a hacerlo y mejora con el tiempo.

brain-workout.jpg

Por lo tanto, la disfunción ejecutiva puede mejorar o empeorar dependiendo de muchos factores. Eso sí, que se pueda mejorar no significa que se pueda mejorar siempre, o que se pueda llegar a la perfección. Ten en cuenta que todo el mundo tiene límites diferentes y que hay mejoras que no merecen la pena por el alto precio que hay que pagar por ellas.

He escrito este artículo pensando en las necesidades de personas de cualquier edad, pero desde mi pesrpectiva personal es fácil que los puntos que comento no sirvan a la perfección para todos los casos pero puede servir como punto de partida para desarrollar soluciones más acertadas.

Sin más dilación, algunas puntos a tener en cuenta a la hora de ayudar a otra persona a mejorar su función ejecutiva. El objetivo es que los tengas en cuenta, no que los sigas a rajatabla. Inclúyelos según tu criterio y mantén los ojos abiertos para ver los resultados de cada uno, te sorprenderás.

  1. Acompaña a niñxs pequeñxs cuando tengan que pasar de una actividad a otra (como pasr de jugar a comer) si ves que le cuesta o que reacciona con rechazo. Estando físicamente presente y demostrando lo que la otra persona tiene que hacer, le resultará más fácil moverse y seguirte. Puedes probar a darle la mano para ayudar a que se levante. De esta forma aprende a confiar en los demás a la vez que interioriza los pasos para realizar esa actividad.
  2. Pregúntale qué necesita, o cuándo estará lista, si no es capaz de levantarse/moverse. Escucha con atención y respeta sus ritmos. No se trata de negociar sino de comprender dónde está la dificultad para poder superarla, para ello basta con escuchar, no convencer. De esta forma aprende a desarrollar la sensibilidad sobre sí misma y comprenderse.
  3. Soluciona los problemas con la otra persona, no por ella. Inclúyela siempre en el proceso de encontrar soluciones para sus diferentes dificultades en las diferentes áreas de la disfunción ejecutiva. Pregúntale siempre antes de invadir su espacio o moverla físicamente y aprenderá a valorarse a sí misma y ver que es capaz de enfrentarse a las dificultades.
  4. No evites que cometa errores. Los errores son el mejor método de aprendizaje ya que el cerebro es capaz de vislumbrar por qué hay ciertas cosas que es mejor evitar. Si tomas el papel de guía que ayuda a solucionar los problemas en vez de sargento militar que busca obediencia, verás una mejora impresionante en poco tiempo. Esto fomenta su sensación de seguridad en sí misma así como su conocimiento del mundo que la rodea.
  5. Respeta sus ritmos. No le quites cosas de las manos ni le impidas terminar una actividad sólo porque tú lo haces más rápido o mejor. Si hay un imprevisto, o hay prisa, pídele a la persona que te permita terminar tú la actividad para mostrar respeto y consideración. De esta forma consigues que sea consciente de sus límites y sea capaz de trabajar en su favor, y no en su contra, preservando su salud y estabilidad.
  6. No caigas en la tentación de evitar ciertas actividades por las dificultades de la disfunción ejecutiva. Aquello que cae en desuso se atrofia, incluída la función ejecutiva. Si un día o una actividad resultan más cuesta arriba de lo habitual, rebaja el nivel de exigencias o aumenta tu nivel de asistencia, pero no elimines la actividad. Con esto consigues afianzar las estructuras neuronales encargadas de realizar actividades, como un músculo que entrenas en el gimnasio.
  7. Premia cada victoria, por pequeña que sea. No se trata de fingir alegría ni de gritar con voz aguda, se trata de reconocer genuinamente el esfuerzo que ha representado para esa persona llegar hasta donde ha llegado y hacerle saber que lo valoras. Tus palabras y las emociones que transmiten no tienen precio y conseguirás por un lado fortalecer tu realción con esa persona y potenciar la percepción de su capacidad.
  8. Evita los fracasos, dentro de lo posible. No fuerces a la persona a enfrentar retos que la superan. Deja las actividades más complejas para el futuro, o asegúrate de dar más apoyo para que pueda realizarlas. Mantente alerta para ver qué se le da mejor y retira tu apoyo en esas actividades poco a poco, a la vez que das más apoyo en las que cuestan más. Así conseguirás mantener su motivación alta y previenes el deterioro de su estabilidad.
  9. Cuando haya fracasos, no les des importancia. Recuerda siempre que los errores ayudan al cerebro a comprender el mundo y aprender más rápido porque puede ver las consencuencias en primera persona y así recordarlas mejor. Por ello, aprende lo que puedas, compártelo con la otra persona, y dirige la atención hacia otro lado sin darle mayor trascendencia. Después de todo, no poder ducharse un día no es una tragedia. Lo que consigues con esto es darle recursos a esa persona para que pueda sobreponerse a sus fracasos y no perder tiempo en ellos. Se convierte en más ágil y resistente.
  10. Nunca castigues a alguien por algo que no puede hacer. Si tu intención es que esa persona adquiera habiliaddes y mejore su función ejecutiva, nunca la castigues. El castigo enseña a desconfiar y puede hacer que la persona evite aquellas actividades que conllevan un castigo. Es tirar por tierra todo el avance previo y además pones en riesgo la relación con esa persona, no lo hagas.
  11. Cuando necesites un descanso, hazle saber a la persona que estás ayudando que tú necesitas un descanso. No dejes que crea que tiene la culpa ya que eso aumenta la disfunción ejecutiva y erosiona todo el progreso. Con esto consigues una mayor confianza y que la otra persona aprenda a respetar los límites de otras personas sin que ello sea un reflejo de si misma.
  12. Mide tus fuerzas. No sólo es la persona con disfunción ejecutiva quien se va a enfrentar a retos en este proceso. Tú tienes una tarea importante como su apoyo y guía, por lo que tu estabilidad emocional es crucial para no hacer daño. Busca ayuda y apoyos también para ti si los necesitas para poder mantener tu paciencia, buen humor y sobretodo tu empatía. Con esto conseguirás mejorar tus propias capacidades y evitarás deteriorar la realción.

Cuanto mayor es la persona con disfunción ejecutiva, más capaz es de responsabilizarse sobre sí misma y sus dificultades. Por ello es importante que siempre preguntes antes de dar por hecho algo, que no infantilices, incluso a lxs niñxs.

Si una niña no es capaz de ponerse los zapatos, tal vez pueda deberse a que le hacen daño, o que la textura interior es molesta, el olor le causa rechazo, etc. No siempre tiene por qué ser disfunción ejecutiva, por ello siempre pregunta, pregunta, pregunta.

Ten en cuenta estos tres puntos, que son aplicables a personas de todas las edades:

  1. Tenemos consciencia sobre nuestra vida y nuestros problemas. Recuerda que quien más sabe sobre cada persona es ella misma. Pregúntale antes de decidir por ella. En casos de personas que no pueden comunicarse verbalmente (niñxs pequeñxs, autistas no-verbales, etc.), presta atención a su lenguaje físico o busca formas alternativas de comunicación como pictogramas o texto.
  2. Tenemos la capacidad de decir no. Si ofreces ayuda de una forma y decimos que no, no te enfades. Algo que puede ser una buena idea tal vez no es compatible con esa persona en concreto, no significa que esté mal. Por ello evita el enfado y busca alternativas. Pregúntanos cómo puedes ayudar o cómo puedes cambiar tu sugerencia para que se adapte a nuestras necesidades.
  3. Tenemos nuestros propios objetivos, necesidades y deseos. No des por hecho que lo que queremos es ser iguales a los demás o que esa ha de ser la prioridad. Pregúntanos dónde queremos llegar para asegurarte de que ambas personas estéis en la misma onda de lo que está pasando.

Como breve resúmen que amalgama todos los puntos: ponte en su luga pero no des cosas por hechas, pregunta para asegurarte de que has comprendido su situación y evita la hostilidad. Recuerda que la disfunción ejecutiva no se trata de falta de interés ni vaguería y que no es un reflejo de una mala crianza. Simplemente es un cerebro con un cableado un poco diferente.

Advertisements