Los típicos consejos que suelo leer y escuchar para mejorar mi función ejecutiva requieren, irónicamente, una función ejecutiva mejor de la que tengo. Listas, calendarios y recordatorios no me sirven.

Para usar una lista con éxito tengo que tener a mano algo donde apuntar, tengo que recordar la lista, tengo que apuntar en la lista todo lo que necesito y no olvidarme de nada, etc. Mi disfunción ejecutiva es, por definición, la incapacidad para usar listas. No significa que no las use, simplemente no cambian mucho mi vida ya que no tienen mucho éxito.

Lo mismo para calendarios, recordatorios o cualquier otro ejercicio de planificación. ¡La disfunción ejecutiva es la incapacidad de planificar, con o sin ayuda! No puedes decirme que me organice cuando mi problema es que no puedo organizarme, es ridículo.

Por ello he compuesto esta pequeña lista de cosas que puedes hacer o cambios de actitud que puedes probar para mejorar tu calidad de vida con disfunción ejecutiva. Con suerte, cuando te encuentres mejor, tu función ejecutiva mejorará por sí sola o con menos ayuda de lo habitual.

Estos consejos son los que me han servido a mí y los ofrezco como posibilidades que tener en cuenta, no como mandatos. Úsalos, adáptalos o tíralos a la basura a discreción. Sólo tú decides.

Consejos alternativos para potenciar tu función ejecutiva y mejorar tu calidad de vida

1. No es tu culpa y no hay nada malo en ti. No eres una persona rota, no te faltan piezas ni tus dificultades van a desaparecer cuando crezcas.

Tras una vida de seres queridos culpándonos de vagxs en el mejor de los casos e inútiles o incluso desafiantes en el peor, es fácil culparse a unx mismx cuando la culpa no la tiene nadie.

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No es tu culpa. Tienes un cerebro que de hecho es más capaz que el resto para muchísimas cosas. Esto es simplemente una que no se te da tan bien como a los demás. No hay nada de malo.

Si consigues interiorizar esta idea, conseguirás una gran paz interior. Sin ansiedad ni inseguridad tienes más recursos neurológicos para funcionar mejor.

2. Reducir ansiedad. Relacionado con lo anterior, la ansiedad obstaculiza el aprendizaje y secuestra recursos neurológicos que podrías aplicar a mejores cosas.

Para reducir tu ansiedad puedes trabajar en ajustar las expectativas a tus capacidades. No significa abandonar tus sueños o cosas importantes, sino posponerlas durante un tiempo en que te fijarás en objetivos con más posibilidades de éxito.

Observa las cosas que has conseguido hacer y no te fijes objetivos mayores que eso. Ve incrementando la dificultad gradualmente.

Poco a poco, con ayuda de nuevos éxitos que consigues más fácilmente (porque no te propones tareas imposibles) mejora tu motivación y tu sensación de capacidad. Empiezas a sentir que puedes con más.

Ese es el momento de pedirte un esfuerzo ligeramente mayor. Sólo algo que estás segurx que puedes conseguir. Con cada nueva victoria aumentarás tu capacidad.

3. No prestes mucha atención a los fracasos ni a los errores.

Saca lo que puedas de cada situación y sigue adelante. Evita el autocastigo y te volverás más ágil para sobreponerte a los contratiempos y más resistente a perder la motivación.

Los errores son una oportunidad inigualable para que queden registradas en tu cerebro las consecuencias de una acción. Cada error es en sí mismo un refuerzo para que tu cerebro aprenda el camino adecuado. Un error en la cocina significa tener que limpiar más de la cuenta, a la próxima, te acordarás de no hacer lo mismo.

Si añades ansiedad a este proceso con autocastigo, no permites que tu cerebro asimile la lección y empeoras tu disfunción ejecutiva.

4. Evita puestos laborales que requieran buena función ejecutiva.

Como regla general huyo como de la peste de todo trabajo que pida “atención al detalle”. Es un eufemismo que significa “buena función ejecutiva”.

Sé que no siempre es posible, ya que hay que comer, pero no hace daño tenerlo en cuenta, sobretodo si tienes dos opciones y una requiere más función ejecutiva que la otra. O si puedes escoger libremente entre distintos puestos o campos laborales.

5. Busca responsabilidades alternativas en tus actividades no remuneradas.

En situaciones como voluntariado, representación estudiantil u organización de eventos entre familia y amig@s, evita en todo lo posible aquellas tareas que requieran buena función ejecutiva.

Si estas tareas te perjudican, no dudes en abandonarlas siempre que puedas. Pide ayuda o relevo para que otra persona pueda cumplir con esas tareas.

Yo quería ser delegada de clase cuando estaba en la universidad. Sin embargo me di cuenta de que la situación me superaba así que ni hacía un buen trabajo para mis compañerxs ni podía centrarme en mis estudios.

Una vez abandoné el puesto pude centrarme más y tener más tiempo libre a la vez que mis compañerxs se beneficiaron de mejor representación.

6. Adapta las tareas a ti en vez de adaptarte a las tareas.

Si otras personas hacen algo en un orden específico, o te dicen que no saben por qué se hace así, pero es “de toda la vida”… ¡No dudes en modificarlo!

Siempre puedes preguntar qué pasaría si haces esa actividad de otra forma para preveer qué problemas puedes encontrarte, si es que hay alguno.

Date permiso de cometer errores al principio (ver punto 3) y tómate la libertad de averiguar el mejor plan de acción a tu ritmo. Puede que tardes un poco en adaptarte por tener que pasar por procesos de prueba y error, pero el resultado final es una mejor función ejecutiva, más tranquilidad y más éxitos.

6. ¡Recluta aliad@s!

Pareja, tutorxs, familiares y amigxs pueden ser grandísimas ayudas.

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Yo misma solía pedirle a algún amigo que me acompañara a mi cita con el médico y después salíamos a tomar algo. Esa es una forma para que yo pueda ir al médico con menos ansiedad, mi amigo se siente útil y pasamos un buen rato juntos. Todxs ganan.

Las personas a tu alrededor tienen grandes cualidades y dones que otrxs no tienen. Cada una de ellas podría ayudarte en algo diferente.

A la vez, es una oportunidad para ofrecer tus mejores capacidades a otras personas y afianzar lazos sociales.

Sólo una precaución: no siempre la gente tiene las menores intenciones así que confía en tu instinto. Si crees que cierta persona no se alegrará de que le pidas ayuda… no lo hagas.

7. Paciencia y aceptación.

Mejorar tu función ejecutiva es un proceso lento. Para algunxs tal vez imposible en algunas áreas.

La paciencia y sobretodo la aceptación de nuestras limitaciones son las mejores herramientas para mitigar el daño emocional y psicológico de vivir en mundo donde la función ejecutiva es necesaria para la mayoría de cosas.

¡Mucha suerte!

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