A menudo se ha equiparado autismo con una personalidad introvertida, y es que es el peligro de definir a grupos de miles de personas de manera excesivamente sencilla: te dejas a mucha gente fuera.

Soy autista y soy extrovertida. Así es, a pesar de que pueda sorprender, es algo tan natural como cualquier tipo de personalidad en la población alista.

¿Cómo es la extroversión en el autismo?

1. Sonreímos abiertamente

Para empezar, las personas autistas y extrovertidas a menudo desafiamos los mismos criterios diagnósticos. La sonrisa social es esa sonrisa que dedicamos a otras personas en respuesta a una sonrisa previa o bien como forma de mostrar interés y buenas intenciones.

Supuestamente las personas autistas no tenemos en lo más mínimo esta capacidad o interés por la reciprocidad y la comunicación de sonrisas, pero en personalidades autistas extrovertidas se da mucho.

Pero seguimos estando en el espectro, por lo tanto no es raro que sonriamos en situaciones inadecuadas, a las personas erróneas o que incluso respondamos con una sonrisa a situaciones que nos dañan, ya que es la respuesta que hemos aprendido.

2. Queremos hablar con la gente

Cuando tenía menos de 5 años y mis padres me llevaban a su cafetería habitual yo me sentaba en la mesa de totales desconocidos y comenzaba a hablar con ellos.

El deseo de comunicar nuestro mundo interior es tan grande que a menudo romperemos reglas sociales, nos acercaremos demasiado, insistiremos sin darnos cuenta de que a la otra persona no le interesa o llegaremos a incomodar.

También nos cuesta mucho entender qué tipo de cosas se pueden compartir, qué cosas es mejor no contar, y en qué personas podemos confiar. El ímpetu de comunicarnos es tan grande que a menudo contaremos confidencias a personas que no tienen nuestro bienestar en mente.

Guardar secretos se vuelve una tortura para la persona autista extrovertida que además sabe que tiene información interesante entre las manos y podría ser una excusa genial para charlar con alguien y estrechar lazos.

3. Nos importa la opinión de los demás, y mucho

Conozco a muchas personas autistas, entre ellas mi familia cercana, que desean agradar a los demás, pero no sufren si no lo consiguen. Siempre y cuando nadie les ataque, no tienen problema viviendo entre personas que no les tienen en gran estima.

Para mí es todo lo contrario. Siento una gran necesidad de agradar a los demás y casi todo lo que hago en la vida lo hago pensando en los demás, cómo les afectará y qué pensarán de mí. Es un poco limitante, tal vez compulsivo, pero es una necesidad incontrolable.

Las personas autistas tenemos habilidades camaleónicas espectaculares y si somos extrovertidas tendemos a utilizarlas para mimetizarnos con nuestro grupo social. Intentamos agradar a base de amoldarnos a sus expectativas, forma de vestir, gustos, etc. No es raro que las personas extrovertidas del espectro hayamos pasado por diversas modas o subculturas urbanas intentando buscar nuestro lugar.

4. Nos enfocamos en las personas que nos gustan… a veces demasiado

Es difícil comprender la diferencia entre atracción sexual, atracción romántica, hormonas, o simplemente una fijación autista.

Cuando una persona nos llama la atención de forma desmesurada, es una llamada irresistible. Quiero saber todo de esa persona, coleccionar sus experiencias, sus fotos, todo lo que pueda. En ese afán a menudo caemos, sobretodo en la pubertad, en comportamientos insistentes que pueden incomodar en el mejor de los casos y asustar en el peor. Nunca habrá violencia, pero a veces es importante proteger a los demás de nuestro ímpetu.

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En otras situaciones es importante protegernos de la malicia de los demás. Ya que con nuestro deseo de agradar podemos llegar a ser tan complacientes que la gente nos utiliza y manipula sin miramientos.

5. Tenemos amistades en la infancia que perdemos con el tiempo

De pequeña no me costaba hacer amigas. No me llevaba bien con todo el mundo pero siempre había alguien con quien congeniaba de maravilla.

Sin embargo, con el tiempo he perdido esta capacidad y durante años me pregunté qué parte de mí estaba rota como para que causase tal rechazo. Tras el descubrimiento de mi autismo he comprendido que durante la pubertad tuvo lugar una diferenciación muy grande entre las mujeres de mi entorno y yo.

Las niñas se enfocan más a cumplir sus roles de género y empezar a encajar en sus versiones adultas bien ajustadas socialmente. Los niños tardan un poco más, pero al final acaban de la misma forma enfocándose en sus roles sociales masculinos.

Yo, por otro lado, me quedé atascada en la infancia. Para mí las relaciones sociales siempre han sido una excusa para disfrutar en común de intereses compartidos, mientras que las personas adultas normales funcionan al contrario. Para ellas, el tema de conversación es la excusa para desarrollar su relación social.

6. Tenemos hambre emocional

Las personas autistas en general vivimos el mundo con una intensidad muy por encima de lo habitual. Si apliacmos esto a las relaciones personales, las personas extrovertidas en el espectro percibimos un caleidoscopio de matices al interactuar con otro ser humano que resulta invisible para otras personas.

Deseamos conexiones profundas con nuestros seres queridos, no nos interesa quedarnos en la superficie de las conversaciones y necesitamos profundizar. Si no podemos ahondar en nuestras relaciones con los demás sufrimos fuerte sensación de soledad y aislamiento que otras personas autistas introvertidas no sufren.

Dada nuestra forma diferente de comunicarnos, es muy difícil formar lazos de afecto fuertes con personas normales. Tendemos a acabar rodeándonos de personas neurodivergentes o autistas como nosotrxs. Pero aún así, nuestra necesidad de experimentar confianza plena e intensidad con otra persona es más grande de lo que la mayoría de la gente -autista o no- sabe navegar.

Así que al final tendemos a vivir en una situación de hambruna emocional en la que nos abalanzamos ante cualquier oportunidad de experimentar la calidez de otra persona.

7. Vivimos en un eterno estado de decepción

Tal vez es un poco exagerado, pero tras innumerables intentos de socializar, de hacer amigos, amigas, de encontrar pareja o relaciones de compañerismo, acabamos sintiendo hastío, desesperación, impotencia.

Al hambre de conexión emocional se suma la desgana o la tristeza de sentir que es imposible. Cada persona lo maneja de forma diferente, yo tiendo a la ira y la soberbia, otras personas se retraen, otras se abandonan más aún al siguiente intento de encontrar un hogar para el corazón.

8. Nos gustan las fiestas o reuniones sociales

Me encanta salir de fiesta, y no es algo extraño en el espectro. La diferencia es que no podemos estar mucho tiempo fuera de casa y necesitamos mucho tiempo para recuperarnos después, ya que drena nuestras reservas de energía.

Disfrutamos mucho de los ambientes festivos y de estar rodeadxs de gente hablando, aunque no siempre necesitamos estar hablando y somos felices observando a lxs demás.

9. Nos frustra no poder socializar tanto como desearíamos

Tras varios meses de moverme por las comunidades sobre autismo y de autistas en internet, he acabado hablando con varias personas y entablando amistades.

Todas ellas son personas que aprecio profundamente a pesar de conocerlas poco, personas que admiro y me interesan. Pero me siento totalmente incapaz de hablar con ellas tanto como quiero. Así que aún cuando tengo amistades sigo frustrada, en este caso por mis limitaciones energéticas.

Me cuesta mucho hablar, y cuando lo hago acabo muy cansada y necesito desconectar. Por lo que acabo acumulando conversaciones sin contestar. Por suerte son personas autistas que entienden mi forma de ser y por otro lado como la comparten, a veces puedo hablar pero ellas no.

Estas son sólo algunas particularidades de las personas autistas extrovertidas, no todas somos iguales y este es mi caso particular, salpicado de algún ejemplo de otros casos.

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Entre personas alistas, se suele hablar de extroversión cuando la persona recarga sus energías en compañía y de introversión cuando recarga sus energías en soledad.

Pero en el autismo no puede ser tan sencillo ya que prácticamente todxs necesitamos la soledad para recargar energía. La diferencia entre autistas introvertidxs y extrovertidxs radica más bien en la necesidad y el deseo de interactuar con otras personas, así como la forma en que reaccionamos cuando no podemos hacerlo, o cuando nos rechazan.

¡Pero seguimos siendo autistas! Por eso, aunque nos acerquemos a los demás y hablemos mucho, lo hacemos de forma que resulta rara e incluso incómoda a los demás. No seguimos sus normas y eso hace que las relaciones con personas normales no fluyan de forma natural.

Las personas extrovertidas y autistas tenemos una gran dificultad por encajar en el mundo alista y también en el mundo autista. A menudo los profesionales se niegan a reconocer nuestro autismo ya que, como dije al principio, desafiamos los criterios diagnósticos. Y por otro lado las personas autistas no nos reconocen como autistas ya que somos excesivamente sociables en comparación.

Por suerte yo no he sufrido rechazo en la comunidad autista por ser extrovertida aunque sí he recibido algún que otro comentario hostil. En la comunidad hispanohablante he tenido el privilegio de hacer amistades extrovertidas como yo que han sembrado el océano desierto de islas llenas de vida.

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