Miles de personas en las redes sociales y fuera de ellas comparten la idea de que el autismo es una tragedia, que ser autista es sufrir la condena a una vida de marginación y rechazo. Ante este panorama tan negativo y dramatizante, las personas fuera del espectro se hacen una idea incorrecta de lo que es ser autista y por ello creen que, si fueran autistas, querrían “curarse”.

Estas personas ven a cuidadores de personas autistas como mártires con la carga sobrehumana de encargarse de un ser infrahumano.

Como las personas autistas vivimos la vida desde dentro del autismo y no desde fuera, estamos totalmente familiarizadxs con nuestras experiencias y no las vemos como algo trágico sino normal, rutinario, cotidiano.

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El lenguaje condiciona cómo vemos la realidad. Si las palabras que adjuntamos al autismo son “carga brutal”, se crea la idea de que la carga brutal termina siendo la persona autista.

El estigma que propaga la mentalidad trágica hace que tengamos miedo a pedir ayuda con nuestras dificultades.

El capacitismo que considera la discapacidad humillante hace que sintamos vergüenza de nuestras estereotipias y nuestras expresiones de emoción.

La violencia que reciben las personas sólo por ser autistas nos hace tener miedo a los demás.

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Varias personas neurotípicas se aprovechan de la ingenuidad de una persona autista y deciden destrozarle el cuerpo en un lugar donde sabían que el chico estaría indefenso.

Para combatir todo esto y fomentar un clima de aceptación, muchas personas dentro del espectro hemos optado por la vía de la normalización. Es decir, mostrar comportamientos y experiencias autistas con naturalidad para que se nos deje de ver como fenónemos extraordinarios o poco más que amebas gigantes. La estrategia para esta visibilización es copar el discurso del autismo de palabras y referencias positivas.

Si ante toda acción hay una reacción, ante toda reacción hay otra más. Y este caso no es una excepción. Las comunidades lideradas sobretodo por madres de autistas se quejan de que no hablamos del lado negativo. Incluso profesionales que se lucran a costa del autismo han alzado la voz en contra de esta forma de ver el autismo como algo natural, positivo y que no necesita “arreglo” porque no es nada roto.

Lo que más me sorprendió fue leer de parte de alguna que otra persona autista que sentían cierto tabú a hablar del sufrimiento que se tiene al ser autista. Aunque el sufrimiento del que hablan esté generado en gran medida por el rechazo que otras personas ejercen, no el autismo.

Todas estas personas nos acusan de “sólo ver lo positivo”. Y aquí es cuando digo alto y claro: ser autista es una aventura.

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Como Frodo en El Señor de los Anillos, nos infravaloran a diario y nos vemos en la obligación de navegar un mundo hostil que no está hecho a nuestra medida y no nos tiene en cuenta.

Como Frodo, no podemos enfrentarnos con éxito al mundo sin ayuda. Frodo cuenta con la compañía de Sam, Merry y Pippin para apoyarse mútuamente emocionalmente, Légolas, Gimli, Aragorn y Boromir hacen el trabajo de abrirles camino. Y aún así, con toda esta ayuda, necesitan que Gandalf les guíe para conseguir sobrevivir el tiempo suficiente para salvar al mundo.

Como Frodo, anhelamos el hogar donde haya seguridad y donde no sea un esfuerzo constante sobrevivir. Un lugar donde poder ser unx mismx en paz junto a gente que te entiende y te apoya. Aunque la gran mayoría de autistas no conoce lo que es tener una comunidad de gente autista a tu alrededor que te apoya y comparte tu forma de ser y de ver la vida, no es raro que haya una sensación de “morriña” indeterminada, un anhelo por un hogar donde no sea un esfuerzo tan grande ser unx mismx. Frodo sueña con la Comarca y desea volver a ella, yo deseo que las personas autistas de todo el mundo tengan acceso a formar parte de una Comarca Autista.

Como Frodo, nos enfrentamos a grandes enemigos que nos marcarán de por vida, perderemos apoyos por el camino, algunas personas incluso sucumbirán a la oscuridad por no tener una Compañía del Anillo ni una Comarca a las cuales aferrarse. A veces incluso eso no será suficiente y tendremos que enfrentar la verdadera tragedia del autismo: la pérdida de nuestrxs compañerxs de la forma más amarga y dolorosa.

Como Frodo, somos personas con una perspectiva única, una capacidad de resolución de problemas fuera del alcance de la mayoría y tenemos un gran popósito en la vida.

Como Frodo, nos encanta tener a nuestra gente querida cerca y disfrutar con ellxs. Disfrutamos de expresar nuestra alegría por todo lo alto y de que no nos abandonen en la tristeza.

Como Frodo, vivimos una vida llena de peligros a la vez que una vida grandiosa. Frodo no se siente mal por ser Hobbit, se siente orgulloso de ello, no lo esconde. Otras personas ven como algo negativo que sea Hobbit y de hecho se utiliza como algo insultante en más de una ocasión. Aún así Frodo no deja de sentirse bien por ser quien es.

La próxima vez que venga alguien a decirme que “no todo es positivo” en el autismo como respuesta a mis mensajes de aceptación, orgullo y positividad les repetiré lo que he dicho aquí. El anillo que hay que destruir es el odio a la diferencia, que controla todos los demás odios y sin él el mundo podrá ser salvado.

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