A diario veo muchas cosas en nombre del activismo y la lucha por la calidad de vida de personas discapacitadas que, pese a su buena intención, fallan de pleno. Otras veces el contenido es activamente dañino y, en ocasiones como esta, veo ideas que a priori suenan genial pero que por desgracia refuerzan prejuicios contra la discapacidad y la neurodivergencia.

"Si alguien te trata mal, recuerda que hay algo mal con ellos, no contigo. La gente sana no anda por ahí destruyendo a otros seres humanos". Asperger México.
“Si alguien te trata mal, recuerda que hay algo mal con ellos, no contigo. La gente sana no anda por ahí destruyendo a otros seres humanos”. Asperger México.

Esta frase es tentadora y suena lógica a priori pero guarda valores que pueden resultar nocivos, a pesar de su buena intención.

La primera parte es totalmente cierta y con un mensaje potente y alentador: cuando te agreden o te faltan al respeto, es la otra persona la que tiene un problema.

Sin embargo la segunda parte guarda un mensaje muy dañino y problemático: la gente sana no va por ahí haciendo daño a los demás, por lo tanto, la gente que lo hace está enferma.

Equiparar la salud a “no hacer daño” es un ideal que no se corresponde con la realidad. La gente sana suele hacer daño, y la gente enferma suele ser muy solidaria.

Las personas sanas y felices hacen daño

La gente que no conoce la precariedad y la enfermedad tiende a minusvalorar sus efectos y a creer que quien vive situaciones difíciles es porque no quiere esforzarse. En otras palabras: la gente que tiene una vida cómoda suele tener más dificultad para empatizar con el sufrimiento ajeno.

Si fuera cierto que la gente sana hace menos daño, el abuso en familias ricas, con mucho mejor acceso a atención sanitaria y psicológica, sería puramente anecdótico y no es así. La mayor diferencia es que en estratos acomodados hay mayor estigma y se silencia más el abuso doméstico. Si juntamos esto con la creencia de que la gente rica no agrede a sus seres queridos, el resultado es que hay muy poquitos equipos científicos dispuestos a estudiar el abuso en comunidades ricas.

Si fuera cierto que “la gente sana y feliz no anda por ahí destruyendo a otros seres humanos” entonces no habría magnates multimillonarios con todas sus necesidades cubiertas destruyendo el hogar de los pueblos del amazonas, no serían dueños de fábricas con mano de obra esclava, no venderían armas para alimentar conflictos en países desestabilizados artificialmente.

Lo cierto es que sí, la gente sana y feliz sí anda por ahí destruyendo a otros seres humanos. Sucede a diario. Decir que esto no es cierto hace que tengamos problemas para reconocer esta destrucción y tendemos a crear excusas ficticias para reconciliar nuestra experiencia de la realidad con nuestros prejuicios y decimos: “ah, deben de ser enfermos mentales” para justificar que esa persona abusa porque en realidad no es sana y feliz.

Y ahí es donde se desvela el corazón nocivo de esta frase. Que nos invita a equiparar la inocencia y la bondad a la salud, y por descarte la maldad a la enfermedad. Nos hace tener una gran predisposición a inventar enfermedades mentales para justificar la maldad de una persona que tiene salud y felicidad. Lo hacemos sin darnos cuenta, con demasiada facilidad.

Cuando digo que nos inventamos enfermedades mentales para la gente malvada, no quiero decir que las saquemos de la nada, aunque habrá quien lo haga. Lo que hacemos es re-interpretar los rasgos de una persona como parte de un trastorno.

Todas las personas somos vulnerables de caer en esta dinámica: tanto el público general con conocimientos limitados como profesionales de la salud neuropsicológica que también necesitan encontrar la coherencia entre sus prejuicios y la realidad.

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Después de todo, ¿cuántos personajes malvados de Disney son discapacitados, gordos y/o feos? ¿Cuántos muestran conductas típicas de neurodivergencias? También hay casos en que la enfermedad física se asocia a la maldad como en el caso del Señor Burns en Los Simpsons o Darth Vader en el universo de Star Wars. En otros muchos casos los personajes villanos son extranjeros y de rasgos oscuros.

Por el contrario, las características típicas de heroínas y héroes siempre son belleza, salud robusta y juventud, rasgos claros, además de comportamientos totalmente adecuados socialmente. Cuando rompen con las convenciones sociales tienen razones totalmente comprensibles para la audiencia y, por lo tanto, sanas y cuerdas.

El hábito de crear historias infantiles excesivamente simplificadas que utilizan a personajes bellos, sanos y buenos que han de sobreponerse a dificultades innecesarias causadas por el capricho de personajes feos, enfermos y malvados ha hecho que nuestras mentes acepten de forma automática la enfermedad como razón aceptable para la maldad.

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La enfermedad y discapacidad como mecanismo de deshumanización

No nos gusta pensar que personas sanas y felices encuentran placer en causar dolor a otros sin provocación alguna. No nos gusta pensar que tal vez nosotroxs mismxs podemos participar de algo así, tan abominable.

Pero la realidad es que sí. Disfrutamos de matar, desmembrar y torturar sin necesidad, y para ello buscamos razones que conviertan a nuestras víctimas en “el malo de la película”. Creamos una necesidad de la nada para sentir nuestra violencia justificada. Véase Estados Unidos y su creación de guerras a través de narrativas que convierten a algún mandatario árabe como en villano, a su pueblo en víctima, y al ejercito americano como héroe salvador.

También inventamos formas de dar rienda suelta a esta necesidad con deportes de lucha o videojuegos. Es una necesidad humana muy común que tal vez tiene relación con nuestra supervivencia. Si alguien viene a matarte y te andas con miramientos y empatía, lo más seguro es que mueras. Pero cuando no hay tantas amenazas de muerte, el mecanismo de defensa necesario necesita algo que lo estimule, como las vacunas del sistema inmunológico. Deseamos agredir, tal vez para mantenernos en forma por si hace falta defendernos de verdad en algún momento.

Para poder extraer placer de causar sufrimiento a otras personas, es necesario acabar con la empatía hacia ellas. Re-interpretar sus acciones y motivaciones como injustas o malvadas es sólo una parte. Otra parte es remarcar las diferencias entre “los buenos” y “los malos”. Color de piel, estatus económico, género… y también discapacidad, enfermedad o vejez son algunas de las características que se utilizan para ello.

Cuanta mayor sea la diferencia, menor es la empatía. Puedes imaginar lo que siente alguien que es igual a ti con mucha mayor facilidad porque tienes los mismos sentidos, mismos rasgos, y por lo tanto conoces ese tipo de sufrimiento. Si hablamos de cómo sufren seres que no tienen ojos o que no pueden hacer muecas faciales, nos cuesta muchísimo más imaginarlo.

Por eso disfrutamos con tanta fruición de matar mosquitos: nos chupan la sangre y nos causan irritación o alergia (motivo malvado) además de ser muy diferentes a nosotros, no tenemos ni idea de cómo sienten. ¿Resultado? Cero empatía y por lo tanto una sensación de casi derecho divino a matarlos sin remordimiento alguno.

Esta dinámica de deshumanización es extremadamente peligrosa si no se la analiza y entiende, porque se escapa de las películas, cuentos y videojuegos a la vida tangible.

¿Cómo vas a decirle a tu hijo que no abuse de una niña autista en la escuela, cuando esa niña tiene comportamientos que recuerdan a la bruja malvada de la película que vio anoche? En las pelis, cuentos y videojuegos la gente rara, fea, discapacitada o neurodivergente es malvada y se merece que les hagan daño, con muy pocas excepciones.

Las características que se asocian a la maldad son prácticamente las mismas dentro y fuera de la ficción, que además quedan reforzadas por profesionales de la psicología. Estas características son sospechosamente parecidas a diversos tipos de discapacidades y neurodivergencias. Tartamudear, no mirar a los ojos, tocarse la nariz o dar detalles excesivos son algunas de las características que se asocian a la mentira. Todo ello rasgos comunes al autismo.

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Las personas autistas tenemos problemas con la modulación de la voz, tartamudeamos con frecuencia o hablamos extremadamente rápido o extremadamente despacio. Son rasgos comunes e inofensivos en nuestras vidas pero vistos como sospechosos para los demás.

Consecuencias

Así pues, cuando se crea la narrativa de que las personas sanas y felices no dañan a otras innecesariamente, se crean problemas para detectar abusos reales y se enmarca a personas enfermas como automáticamente sospechosas.

Si estás sufriendo abusos por parte de una persona sana y feliz, y recibes información constante de que la gente sana y feliz no agrede a los demás, tendrás una gran dificultad para encajar tus experiencias con tus creencias.

Una de las tácticas par alcanzar coherencia interior es absolver a la persona abusadora y asumir toda la responsabilidad del abuso: “me lo estaré inventando”, “soy una exagerada”, “en realidad soy yo que le provoco”. Y no sólo la víctima caerá fácilmente en esta dinámica, sino otras personas a quienes la víctima acude o que incluso sean testigos del abuso la acusarán activamente con esas mismas frases.

Otra de las tácticas para alcanzar coherencia es inventar una enfermedad como ya comenté arriba.

En casos en que hay un abuso y no se conoce quién es la parte culpable, tenderemos a fijarnos antes en personas que cumplan los estereotipos que mencioné anteriormente y que asociamos a la maldad. Uno de ellos es la enfermedad mental o neurodivergencia.

Por eso existe la idea de que las personas autistas son peligrosas cuando la realidad es que somos víctimas con muchísima mayor frecuencia que las personas neurotípicas. Otra realidad es que de las personas asesinadas a manos de la policía estadounidense, se estima que de un tercio a más de la mitad son discapacitadas ya que se entienden sus comportamientos “extraños” como automáticamente sospechosos.

Finalmente, el bullying no es más que una consecuencia natural de estas dinámicas que he explicado. La creencia de que la bondad es agradable, bella y sana a la vez que la maldad es desagradable, fea y enferma hace que lxs niñxs vean a personas diferentes a sí mismxs automáticamente como dianas aceptables contra las que descargar toda frustración, agresión y violencia. Ese abuso queda automáticamente justificado porque la víctima cumple con los estereotipos de “la gente mala” y no hay remordimiento.

Si castigas a una niña por acosar a otra niña discapacitada en el colegio, la niña no lo va a comprender, porque todo su entorno demoniza sistemáticamente a las personas discapacitadas de una u otra forma. Así que esta niña aprenderá a esconder su abuso de los ojos de la autoridad, se hará más sutil en sus habilidades de tormento para no encontrar represalias que, para ella, son injustas porque son incoherentes con la narrativa a su alrededor.

Las personas adultas que observan estos comportamientos de acoso no tienen herramientas para atajarlos de manera efectiva porque, en el fondo, están de acuerdo con la parte abusadora. Ven a la víctima como culpable de su propio abuso ya que la discapacidad es sistemáticamente considerada una carga, un problema o directamente como indicio de maldad. Las personas adultas de hoy no aparecieron de forma espontánea, crecieron con los mismos cuentos y los mismos valores de que la bondad es hermosa y la fealdad es malvada.

Al final, la víctima es cambiada de colegio o enrolada en tratamientos para “hacer que sea más normal” y así evitar que otras personas la agredan. Y ¿qué mensaje manda esto a la sociedad? Si la solución al acoso es que todas las personas sean iguales, se sigue apoyando la idea de que la diferencia es una excusa aceptable para el abuso.

En resumidas cuentas, las consecuencias son tres:

  • Somos menos capaces de ver el abuso porque nos negamos a aceptar que personas sanas y felices agredan a otras personas sin provocación.
  • Tenemos mayor propensión a buscar culpables entre persoans discapacitadas.
  • Las víctimas de acoso escolar y discriminación no reciben apoyos adecuados ni protección y a menudo son obligadas a responsabilizarse de la situación abusiva y para ello se les exige cambiar o realizar esfuerzos injustos y perjudiciales.

Soluciones

Una solución que puede atajar rápidamente todos estos problemas es a través de la ficción: la diversidad de personajes heróicos y malvados. El desarrollo de argumentos más complejos que “el malo tortura porque es malo”, y sobretodo huir de argumentos que buscan redimir al personaje malvado a través de empatizar con sus características “bellas y sanas” para comprender su sufrimiento sin que al final pague por sus fechorías.

Cuando no tengamos dificultad en empatizar con personajes diferentes a nosotrxs, gracias a sus representaciones positivas y heróicas en la ficción de forma sistemática, tendremos menor propensión a atacar gratuitamente a alguien sólo por ser diferente.

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Por otro lado, las personas de identidades marginalizadas, al verse representadas de forma postiva y heróica en la ficción, adquieren autoestima y se vuelven más capaces de identificar abuso y no culparse a sí mismas porque no están bombardeadas con información que las coloca siempre en la posición de recibir violencia.

El bullying terminará cuando se deje de valorar una única lista de características como positivas. Y un paso importante para ello es dejar de equiparar la salud a la bondad y por descarte, la enfermedad a la maldad.

Fuentes:
http://www.alternet.org/education/truth-about-child-abuse-and-poverty
http://www.dailymail.co.uk/news/article-458808/Disneys-villains-children-negative-images-elderly.html
https://ikee.lib.auth.gr/record/267360/files/Heroes.pdf
http://www.bbc.com/future/story/20151123-how-dark-is-your-personality
http://listcrux.co/top-10-hidden-evil-characteristics-humans/
http://brainstormpsychology.blogspot.com.es/2013/07/the-dark-triad-personality-of-evil.html
http://es.wikihow.com/saber-si-alguien-miente
http://www.rudermanfoundation.org/news-and-events/ruderman-white-paper

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