Hoy es el día 2 de abril, Día Mundial para la Concienciación del Autismo, y el revuelo en redes sociales es notable. Tanto desde organizaciones y personas con su mejor intención a profesionales buscando atención con las etiquetas e incluso personas maliciosas que aprovechan la ocasión para llamar “autista” de forma despectiva a alguien.

Entre tantísimo ruido es difícil para las personas autistas sentirnos seguras, comprendidas, apoyadas. Y es duro sentirnos así en el mismo día que se supone es un esfuerzo para mejorar nuestras vidas.

Si no quieres contribuir a enturbiar el panorama autista, aquí tienes 5 claves que te ayudarán a tomar decisiones más informadas en tu activismo.

1. Los símbolos tradicionalmente asociados al autismo son nocivos.

La pieza de rompecabezas representa la idea de que las personas autistas somos un misterio a resolver (puzzle en inglés significa misterio o acertijo). Alternativamente apoya la creencia de que nos falta una pieza, que somos personas incompletas.

Ambas dos caras de la pieza de rompecabezas son dañinas porque nos colocan en una posición de inferioridad al vernos como una versión defectuosa o innecesariamente complicada de una persona “normal”.

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El color azul representa tristeza y es el color del logotipo de Autism Speaks, organización impulsora de este símbolo y que promueve la idea de que el autismo es una tragedia por la que lamentarse. Su co-fundador es un magnate de la publicidad que reviste ideas negativas de marketing para propagar actitudes que nos dañan activamente.

La mayor parte del dinero que reciben es invertido en la búsqueda de una “cura” y el publicidad. Las personas autistas no estamos enfermas y no queremos una cura, sería como arrancar la persona que somos de nuestros cuerpos y dejarlos vacíos.

La bombilla para iluminar el autismo apoya la idea de que, de nuevo, ser parte del espectro es algo oscuro y sin sentido sobre lo que personas “normales” deben arrojar luz.

La alternativa: utilizar el símbolo multicolor del infinito. Éste representa el espectro tan diverso a través de los colores y el concepto de infinito para dar a entender que ningún estereotipo nos podrá representar a todas las personas autistas.

Difunde mensajes de personas autistas y su trabajo para que llegue a más gente. Así contribuyes de forma directa y medible a nuestra inclusión, aceptación y visibilización.

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2. El debate de si se dice persona autista o con autismo es territorio exclusivo de las personas autistas. Ninguna persona que no forme parte del espectro tiene derecho, voz o voto en ese debate.

Las personas autistas sabemos decidir por nosotras mismas, sabemos lo que necesitamos y sabemos luchar por ello. Que una persona no-autista entre a nuestros espacios no sólo es irrespetuoso sino que refuerza actitudes de paternalismo y condescendencia hacia nuestra comunidad.

Creer que no entendemos el mundo no sólo no es cierto sino que nos daña ya que hace que se pisen nuestros derechos, se silencien nuestras voces y contribuye a nuestra marginación y exclusión social.

La alternativa: escuchar a las personas autistas, utilizar el lenguaje que preferimos y, ante la duda, preguntar a personas autistas.

Si promueves la idea entre la comunidad activista de que la decisión sobre el lenguaje está en manos de personas autistas estás creando de forma activa un entorno mucho más seguro y estás demostrando cómo tratarnos con respeto, como iguales.

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3. Dividir a las personas autistas en función de su capacidad para complacer a los demás y fingir ser “normales” es una dinámica que contribuye a nuestra erosión personal.

Hablar de personas autistas según su funcionamiento crea una falsa dicotomía en que por un lado se cree que no tenemos conexión con la realidad, por lo tanto deciden por nosotrxs y nos ignoran cuando hablamos ya que se nos acusa de no comprender lo que nos sucede.

Y por otro lado se cree que las personas que nos comunicamos verbalmente y mostramos capacidad para mimetizarnos con otras personas “normales” no somos suficientemente autistas para tener voz en el activismo y la lucha por nuestros derechos, por lo tanto ignoran nuestras voces, nos excluyen de conversaciones importantes para nuestros futuros y nos niegan ayuda que necesitamos desesperadamente.

La alternativa: hablar de cada limitación o necesidad de personas autistas de forma individual sabiendo que no puedes predecir cómo va a ser una persona autista o qué necesidades tiene según una etiqueta.

Puedes hablar de personas autistas no-verbales o con otras discapacidades cognitivas, personas autistas que necesitan ayuda con las tareas del hogar o buscando empleo. De esta forma contribuyes activamente a crear un clima en que se entiende que somos individuales y no tenemos ni las mismas limitaciones ni las mismas capacidades sólo por pertenecer al espectro o necesitar más o menos ayuda.

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4. El autismo es una variante natural del ser humano y se transmite de una generación a otra.

No es una enfermedad, no es un trastorno (aunque esté categorizado como tal) y por lo tanto no se padece, ni se cura, ni tiene “sintomas”.

El lenguaje que propone una visión médica del autismo en vez de hablar de personas naturalmente diferentes a lo común contamina la sociedad en perjuicio de las personas autistas.

Ver el autismo como una enfermedad o trastorno hace que se nos mire con lupa desde el momento en que recibimos un diagnóstico. Todos nuestros comportamientos son tratados como desviados, anormales, erróneos, deficitarios, patológicos. Todo palabras negativas que tiñen de negatividad nuestras vidas.

Ante tanta estigmatización se nos obliga a sentir vergüenza por ser quienes somos y recibimos agresiones y abusos por ser diferentes. El resultado es que constantemente nos mutilamos y nos reprimimos, pensando que ser nosotrxs mismxs es horrible.

La alternativa: hablar de rasgos autistas, de cualidades y limitaciones. Hablar de las personas autistas con naturalidad -“es una persona autista” en vez de “padece de autismo”.

Si quieres hablar de las situaciones negativas que tenemos que negociar las personas autistas, hazlo siempre centrándote en la situación. Puedes decir que sufrimos elevadas tasas de desempleo y de suicidio. Puedes decir que padecemos acoso constante y somos más vulnerables a abusos. Pero recuerda que eso no es nuestra responsabilidad, sino del entorno que nos ve como un problema a corregir con fuerza, violencia y represión.

Al hablar con naturalidad de nuestra existencia te muestras como una persona con quien no hemos de temer y creas, una vez más, un clima mejor donde podamos sentir que somos parte natural de este mundo.

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5. El objetivo final no es que las personas autistas sean indistinguibles de las personas comunes. El objetivo es que las personas autistas no sufran por ser autistas, que el acceso a sus derechos no tenga obstáculos y que formen parte de todos los ámbitos sociales que deseen sin agresiones.

Ante tantos lemas es fácil perder de vista la meta de esta lucha. Los eslógans pegadizos nos ayudan a acordarnos de que las personas autistas existimos pero, por desgracia, no mueven los hilos necesarios para que el cambio sea perceptible por las personas más vulnerables.

Actualmente las personas autistas tienen una esperanza de vida mucho menor que la de la población común, hasta 30 años más corta. Nuestras tasas de desempleo alcanzan el 90% según el estudio y cuando tenemos empleo los niveles de precariedad y abusos laborales son alarmantes.

Entre la población autista infantil, las personas autistas tienen un riesgo varias veces superior a la media de que sus padres abusen física, psicológica o sexualmente de ellas.

Estas realidades no se cambian con frases que, con toda su buena intención, quedan vacías de contenido real.

La alternativa: la buena noticia es que es barato y accesible crear cambio. Aunque no es fácil enfrentarte a las ideas que te habías hecho, es vital que te esfuerces en escuchar a personas autistas, en derribar los mitos de personas desconectadas de la realidad o hurañas.

Al demostrar no sólo interés sino acciones que reflejen tu nuevo conocimiento de la realidad autista y tu cambio personal afectas a tu entorno social. De forma medible las personas que te conocen y a quienes llegues empezarán a escuchar hablar de autismo y personas autistas con mayor naturalidad y precisión y eso cambia conciencias que luego tratarán mejor a las personas autistas que encuentren en su camino.

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Al adaptar tu activismo a nuestras necesidades te demuestras como una persona digna de ser llamada aliada y, por encima de todo, tus acciones tendrán un efecto real, inmediato y medible ya que tú formas parte de la sociedad, y en lo que a ti concierne creas un ambiente seguro a tu alrededor para nosotrxs. Únete a la Alianza Autista.

Si quieres saber más sobre cómo luchar por nuestros derechos y hacer un mundo mejor, te recomiendo continuar con la lectura de Cómo ser un mejor aliado de personas autistas por Asper Revolution.

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